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domingo, 23 de mayo de 2021

DESCANSA EN PAZ P. CATALINO PÉREZ

La diócesis de Santa Marta comparte el profundo dolor y la firme esperanza puesta en nuestro Señor Jesucristo vencedor de la muerte y del pecado por la partida de uno de sus sacerdotes, el padre CATALINO DE JESÚS PÉREZ PADILLA. 

En su estadía en medio de nosotros, supo ganarse la amistad y el afecto de muchos a través de la delicadeza de sus gestos y de su constante disponibilidad. Queremos agradecer a Dios por su fraterno servicio a la diócesis y entrega pastoral.  

La información sobre el modo y la manera en cómo se desarrollarán las honras fúnebres de padre Catalino, será participada a todos en cuanto las circunstancias lo permitan. 

A María Santísima encomendamos a nuestro hermano sacerdote, para que lo presente a Dios. Acompañamos con la plegaria a sus familiares, comunidad, amigos y a quienes lo apreciaban como pastor.



miércoles, 17 de marzo de 2021

LA DIÓCESIS DE SANTA MARTA VIVE EL AÑO DE LA FAMILIA


Pbro. Mario Monsalvo.
Delegado Episcopal para la pastoral familiar.

Mons. Edgar García.
Obispo de Palmira - Valle.











La Diócesis de Santa Marta, en sintonía con el corazón del Papa Francisco, propone un programa especial en el Año de la Familia. Pues, en la fiesta de la Sagrada Familia, el 27 de diciembre de 2020, que representa el ideal del amor conyugal y familiar, el Papa convocó un Año especial dedicado a la familia.

Ahora por disposición del P, Isidro de Jesús Castro Duque, Administrador Diocesano, el 19 de marzo en el marco de la solemnidad de San José, esposo de la bienaventurada Virgen María, padre putativo de Jesús y Patrono Universal de la Iglesia, inauguramos el Año Diocesano de la Familia. A su vez, así conmemoramos el quinto aniversario de la exhortación Apostólica “Amoris Laetitia” (La alegría del amor), publicación que brotó del Sínodo Sobre la Familia.

El P. Mario Arturo Monsalvo Bolaño, delegado episcopal para la pastoral familiar, considera que es importante, vivir las actividades programadas por la Diócesis, puesto que la familia encuentra la energía espiritual para abrirse al exterior, a los demás, al servicio de sus hermanos, a la colaboración para la construcción de un mundo siempre nuevo y mejor en el Evangelio; capaz, por tanto, de ser portadora de estímulos positivos para evangelizar con el ejemplo de vida”, y de paso invitó al triduo celebrativo en la apertura del Año de la Familia.

En consecuencia, ofreceremos a los fieles el debido apoyo pastoral, con el fin de orientar las celebraciones litúrgicas y demás espacios de evangelización en las parroquias y comunidades pastorales de la Diócesis de Santa Marta. A su vez el P. Mario sigue trabajando en la constitución de la escuela parroquial de pastoral familiar, representada por tres parejas de cada comunidad.

A continuación, compartiremos el cronograma del triduo celebrativo en la apertura del Año de la Familia:

·     Jueves 18: Hora santa en las distintas parroquias

·    Viernes 19: solemnidad de San José y eucaristía inaugural del Año de la Familia en la Catedral Basílica Menor a las 12:00 del mediodía

·    Sábado 20: seminario taller sobre la escuela parroquial de pastoral familiar “Amoris Laetitia. Podrán participar tres parejas más el párroco. 

     Ponentes: Monseñor Edgar de Jesús García Gil (obispo de Palmira – Valle y presidente de la Comisión Laicos, Familia y Vida de la Conferencia Episcopal de Colombia, y diácono permanente Carlos Arturo Zapata Velásquez (delegado diocesano de matrimonio y familia de la Diócesis de Palmira. 

     Esta actividad se realizará a través de la plataforma zoom a las 9:00 a.m.




martes, 22 de septiembre de 2020

MARIA DISCIPULA DE JESUS EN EL NUEVO TESTAMENTO

Este jueves 24 de septiembre a las 7:00 de la noche (hora colombiana), a través del Facebook Live @sanpablocol será el lanzamiento oficial del libro María Discípula de Jesús en el Nuevo Testamento, escrito por el P. José Antonio Díaz Hernández, actualmente párroco de la Eucaristía y canciller de la Diócesis de Santa Marta.  

El P. José Antonio es Doctor en teología bíblica de Valencia España, donde se destacó por su disciplina y sabiduría para luego aplicar su experiencia académica y de fe en el proceso de nueva evangelización en nuestra Diócesis de Santa Marta. Además, vivió una experiencia misionera en la Diócesis de Teruel, mientras adelantaba sus estudios doctorales.  

La idea es permitir que su texto inquiete a quienes participen en dicho lanzamiento, para responder algunos interrogantes importantes en la vida de fe, tales como: ¿Se puede aplicar con propiedad a la Madre de Jesús el título de discípula? ¿Se descubren en ella los elementos que identifican a los discípulos del Señor? ¿En qué sentido se le puede considerar la primera y perfecta discípula?  

Según el P. Díaz Hernández, “como creyentes nos urge conocer más sobre la figura de aquella mujer que ocupa un lugar preeminente en la historia de la salvación, porque todos estamos comprometidos en la vivencia de los misterios de Cristo a la luz de la fe Apostólica, y dentro de la fe Apostólica, María es celebrada tanto en la Tradición como en las Sagradas Escrituras como la “dichosa por haber creído” (Lc 1, 45). 

Según esto, no se puede separar a María de la Apostolicidad, ya que desde la comunidad primitiva (compuesta por los discípulos) tenía especial estima entre todos los miembros, y se extendió entre los que se agregaban. Esta estima, este amor a María continúa presente entre nosotros, por ello el autor quiere motivarte a conseguir el libro, pues entre más aprendas de ella, más grande será el amor y la veneración a la misma. La obra se consigue en la Librería San Pablo - Santa Marta - Cra. 4 # 42 No. 16, Centro Histórico. 




lunes, 6 de julio de 2020

TRISTEZA Y DOLOR POR ACCIDENTE EN TASAJERA

El Señor Obispo de la diócesis de Santa Marta, Luis Adriano Piedrahita Sandoval, el presbiterio y todos los fieles de la diócesis, expresan su sentimiento de tristeza y dolor por el accidente ocurrido en la mañana de este lunes 06 de julio, en Tasajera, corregimiento de Puebloviejo, en donde hubo algunas personas heridas y fallecidas. 

Expresan su cercanía para con todas las personas y sus familias afectadas, como con toda la población de Tasajera, manifestándoles nuestra solidaridad y compañía en medio de este dolor.  

Como Iglesia, pueblo de Dios en camino, nos sentimos muy unidos con su párroco, el padre Javier Aguilar, el señor alcalde, y con todas las familias damnificadas, especialmente con aquellas que han perdido un ser querido.

A ellas les hacemos llegar nuestro mensaje de esperanza y de consuelo que se fundamenta en la palabra de Jesús que nos ha dicho: “Yo soy la resurrección y la vida, todo el que cree y vive en mí no morirá para siempre". Con este convencimiento queremos, queridas familias, enjugar sus lágrimas y aliviar su dolor. Estamos convencidos de que el dolor redentor de Jesucristo, nos hace sentir que el sufrimiento de cada persona es sufrimiento del Hijo de Dios, quien comparte en todo, nuestra condición humana, menos en el pecado.

Elevamos una oración al Señor por los sobrevivientes para que les conceda una pronta recuperación.

+ Luis Adriano Piedrahita Sandoval
                                                                  Obispo de Santa Marta

miércoles, 20 de mayo de 2020

LO QUE NOS DEJA EL CORONAVIRUS

La experiencia que hemos vivido con la epidemia del Coronavirus ha sido de una condición impensable, inesperada, inimaginable, además de universal y dolorosa, que ha afectado casi todos los aspectos de nuestra realidad personal y social. 

Sobre las causas que dieron origen se dan varias hipótesis: La primera versión afirma que surgió en un mercado en Wuhan, China, donde comercian animales salvajes. Otra versión afirma que se originó en un laboratorio donde se llevan experimentos científicos, sin las debidas precauciones. Una más, dice que se originó intencionalmente con fines desconocidos.

De todas maneras, se trata de una situación que en diferentes proporciones han aparecido en la historia de la humanidad: desde las famosas plagas bíblicas en Egipto, siguiendo con las pestes que se han dado durante las grandes épocas de la humanidad, Antigua, Edad Media, Moderna, y terminando en tiempos más cercanos con la gripe española, el Ébola, etc.

Aquí podemos encontrar una primera lección que nos deja la contrariedad de hoy: La conciencia que hemos de tener de nuestras limitaciones humanas, pues somos seres frágiles, débiles, indefensos, sometidos a cualquier clase de adversidad que supera nuestras previsiones y capacidades, lo que nos debe llamar a la humildad, a ser menos propensos a creernos prepotentes, inmortales, a creernos dioses, dueños y soberanos  del mundo, que podemos disponer a nuestro antojo de las cosas creadas sin respetar el orden establecido por Dios.

Podemos hacernos la pregunta, que tal vez algunos se han podido plantear, y de pronto respondido afirmativamente: ¿Es esta epidemia, como las otras, un castigo divino?

Definitivamente, Dios no quiere el mal para los hombres y, por tanto, no está en su mente infligirlo. No es correcto atribuir a Dios la inédita y difícil situación que ahora padecemos con el COVID 19. Sin embargo, toda situación humana de esta naturaleza como la epidemia del Coronavirus que ha producido tantas muertes y sufrimientos, pérdidas económicas, y seguramente más pobreza en muchos, es consecuencia en último término del pecado original, es decir, de la rebeldía del hombre contra Dios y contra su Soberanía, apartándose del proyecto que en su sabiduría ha diseñado para este mundo en el que vivimos.

Sea que la epidemia haya sido por causas naturales, creada por el hombre intencionalmente o no, podemos decir, que Dios no la causa pero si la permite porque está en Él respetar la libertad humana y los procesos naturales que se rigen por las propias leyes que Él ha dispuesto desde la eternidad.

Dentro de esta perspectiva podemos mirar la situación que ahora nos aflige como una señal, un signo, una alerta, un llamado de Dios, que nos está invitando a reconsiderar y rectificar nuestro camino como familia humana y ajustarnos a sus designios y mandamientos.

Volver a Dios, reconocer su soberanía sobre el mundo y la historia humana, respetar sus normas, leyes y preceptos, acondicionarnos nuevamente al proyecto que Dios ha tenido al crearnos a imagen y semejanza suya, administradores de la creación, no sus dueños, para que vivamos en comunión, como una familia, la estirpe del género humano, con Él, con los demás y con la naturaleza.

En este sentido hemos de sacar nuestras conclusiones, las enseñanzas y llamados que nos ha ofrecido el estado de pandemia actual. Entonces, cuando todo vaya pasando hemos de ir retornando lo que se ha llamado “la Nueva Normalidad”, no solamente con normas de higiene y sanidad con las que hemos de aprender a convivir con ellas de ahora en adelante, sino con otra clase de normas de carácter superior pues toca nuestros comportamientos éticos y evangélicos.

Hemos de aprovechar la lección para comprender que nuestra vida social, como pertenecientes que somos a la familia humana, requiere una gran dosis de responsabilidad social y solidaridad de parte de todos con el fin de buscar superar nuestras carencias y alcanzar un mundo mejor. “Si algo hemos podido aprender en todo este tiempo, nos decía el Papa Francisco en estos días, es que nadie se salva solo. Las fronteras caen, los muros se derrumban y todos los discursos integristas se disuelven ante una presencia casi imperceptible que manifiesta la fragilidad de la que estamos hechos”.

Y continuaba diciéndonos: “En este tiempo nos hemos dado cuenta de la importancia de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral. Cada acción individual no es una acción aislada, para bien o para mal, tiene consecuencias para los demás, porque todo está conectado en nuestra Casa común; y si las autoridades sanitarias ordenan el confinamiento en los hogares, es el pueblo quien lo hace posible, consciente de su corresponsabilidad para frenar la pandemia. Una emergencia como la del COVID-19 es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad”.

Unido a este propósito está naturalmente el compromiso de construir un mundo nuevo en la justicia y en la equidad, una tierra para todos, dirigiendo nuestra mirada a millones de personas que en la normalidad de la vida viven ocultas en su pobreza ante la mirada indiferente de muchos, y que la circunstancia actual ha sacado a la luz con tanta evidencia. En ese sentido son igualmente muy valiosas e inquietantes las reflexiones del Santo Padre (Me ha parecido oportuno que este artículo sirva de cauce para trasmitir a nuestros fieles textualmente algunas de las reflexiones con las que el Papa nos ha iluminado en estos días), cuando dice:     

“¿Seremos capaces de actuar responsablemente frente al hambre que padecen tantos, sabiendo que hay alimentos para todos? ¿Seguiremos mirando para otro lado con un silencio cómplice ante esas guerras alimentadas por deseos de dominio y de poder? ¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos? ¿Adoptaremos como comunidad internacional las medidas necesarias para frenar la devastación del medio ambiente o seguiremos negando la evidencia? La globalización de la indiferencia seguirá amenazando y tentando nuestro caminar… Ojalá nos encuentre con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad. No tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del amor, que es una civilización de la esperanza: contra la angustia y el miedo, la tristeza y el desaliento, la pasividad y el cansancio. La civilización del amor se construye cotidianamente, ininterrumpidamente. Supone el esfuerzo comprometido de todos. Supone, por eso, una comprometida comunidad de hermanos”.

Todo esto tiene que ver con la visión recortada que solemos tener de nuestra vida humana, una visión que se queda con lo accesorio, lo superfluo, lo accidental, lo inmanente, lo pasajero, lo que no trasciende, lo que puede movilizar el egoísmo humano, y deja de lado lo que es esencial y verdaderamente perdurable. 

A propósito del pasaje bíblico de “la tempestad calmada”, el santo Padre nos hacía la siguiente llamada de atención: “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas ‘salvadoras’, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privandonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad….

….Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos”.

Termino, a modo de conclusión, con otras palabras iluminadoras del Papa en las que nos recuerda que al fondo de todo está el llamado a volver a Dios, a convertirnos a Él y a colocar toda nuestra confianza en Él, pues Dios, que es nuestro Padre, nos acompaña por los siglos de los siglos en el Señor Resucitado y en el Espíritu Santo, como nos lo prometió: 

“El Señor se despierta (en medio de la tempestad) para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza. Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza”.


+ Luis Adriano Piedrahita Sandoval
                                                                                Obispo de Santa Marta






jueves, 9 de abril de 2020

DOMINGO DE RAMOS

Por: P. Robin Argel

“Bendito el que viene en nombre del Señor” Mt. 21, 9

¿Qué es el Domingo de Ramos?

Es el día que introduce a la celebración de la semana santa.

La tradición cristiana celebra, conmemora y actualiza, los misterios de la pasión del Señor en el marco de una semana anual- del Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección-

Este día comporta en sí mismo un doble contraste:

Por una parte, la liturgia de la bendición de los ramos y de la procesión que recuerda el júbilo que expresaron los habitantes de Jerusalén cuando Jesús hacías u entrada triunfal a la ciudad, donde fue proclamado como Hijo de Dios (Mt 21, 1-11). Esto hace que sea una celebración festiva y de triunfo a través de la cual, con cantos alegres también lo proclamamos como Rey y Señor.

Por otra parte, en la liturgia de la Palabra de este día se proclama la pasión del Señor para introducir y preparar a la celebración del misterio pascual (Mt 26, 14-27,66). Este día entonces, inaugura el tiempo de gracia que celebra los misterios de la pasión y muerte del Señor, La Pascua.

¿Qué se celebra el Domingo de Ramos?

Para decirlo de una vez, hay tres acontecimientos que se conjugan en este domingo:

El fin del tiempo de la cuaresma

El inicio de la Semana Santa de la pasión del Señor

La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén

Son tres expresiones conmemorativas en una misma celebración que coloca al cristiano en el camino con Jesús para vivir con él los misterios de la pasión. Por lo tanto, no debe celebrarse como un acontecimiento meramente histórico sino, como ya lo decíamos, conmemorando y actualizando hoy los misterios que nos alcanzaron la vida eterna.

¿Cómo celebrar el Domingo de Ramos?

La misma estructura de la celebración conduce a tres actitudes celebrativas concretas:

Una primera actitud es la de contemplar el rostro de Cristo que se hace cercano y acompaña a los creyentes en este periodo concreto de calamidad pública en el mundo y en Colombia. Cristo no está ausente, él acompaña a sus discípulos de todas las épocas en las diversas circunstancias de vida.

La entrada de Jesús en Jerusalén es un acontecimiento gozoso, así lo narra el evangelio de san Mateo que escuchamos en la bendición de los ramos y al inicio de la procesión. El creyente de hoy, igual que aquella multitud, también debe manifestar la misma alegría, porque el mismo Señor que hizo su entrada en Jerusalén es el mismo, que hoy hace historia con los que siguen creyendo en Él y celebran con fe el Domingo de Ramos.

Una tercera actitud es la de fortalecer la fe a la luz de la pasión del Señor, cuyo relato se proclama hoy. Jesús entra en Jerusalén entre aplausos, gritos de júbilo y reconocimiento de su señorío, pero luego pasa por el dolor, la humillación y la cruz para luego mostrar su rostro resucitado a los que se mantenían fieles y seguían acompañándolo pese al aparente fracaso.

También el creyente de hoy, concretamente nosotros, pasamos como Jesús por momentos de tristeza, incertidumbre y de calamidad pública, pero no nos quedamos sumergido en la tristeza pesimista sino, que nos abrimos a la esperanza de regocijarnos muy prontamente cuando pase el riesgo de contaminación y enfermedad de la mano de Aquel que ha resucitado para estar con su pueblo. El rostro de Jesús va delante de nosotros. Con estas reflexiones los invitamos a vivir con alegría, fervor, y esperanza la semana santa.